TRABAJO INTERIOR

Dejó dicho Thomas Merton:

“¿Qué ganamos con navegar hasta la Luna, si no somos capaces de cruzar el abismo que nos separa, de nosotros mismos.”
Si eres un caminante en el viaje interior y estás escribiendo tu cuaderno de bitácora con la tinta de la honestidad, los siguientes ejercicios te servirán como guía para la autoexploración.
Se trata de un conjunto de sugerencias que llevadas a la práctica te facilitarán el encuentro con dones, motivaciones y actitudes sanadoras. También te permitirán observar hábitos y reacciones automáticas que te pueden estar incapacitando, para una percepción transformadora de tu vida.
Toda la información que seas capaz de generar a través de estas sencillas prácticas puede resultarte inspiradora, a modo de “pellizco” para despertar a una mayor consciencia y autoconocimiento.

1.- Zona de estacionamiento: Tu corazón.
Pon la mano en el pecho y posa tu atención en la zona de tu corazón. Siente el interior de esa área de tu cuerpo, mientras realizas unas cuantas  respiraciones profundas y tranquilas. ¿Qué sensaciones tienes?
¿Qué color, forma, sabor, tienen los sentimientos que experimentas? ¿Sientes esa zona cerrada, abierta, pesada, vacía, ligera, dolida?
Recuerda que no hay respuestas correctas. Se trata de tu propia experiencia.
Permanece un rato con las sensaciones que te van viniendo y observa sus cambios. Luego anota la información que te resulte más relevante, en tu diario de trabajo interior.
“No necesitamos mejorar; sólo hemos de soltar lo que nos bloquea el corazón.”
Jack Kornfield.
2.- Área de descanso: Descubrimiento y reconexión.
Pasea la mirada detenidamente, por el paisaje que te rodea, con el objetivo de descubrir cosas o matices en los que hasta ahora no te hubieras fijado.
Empieza haciéndote presente, posando la atención en tu respiración. Siente tu cuerpo, advierte tu postura.
Luego mira a tu alrededor como si fuera la primera vez que lo observases.
¿Tiene aspectos que no había visto nunca? Experimentarás una mayor reconexión con el mundo, porque te estás permitiendo estar presente aquí y ahora, liberándote así de las distracciones que te ocasiona el estar atrapado en tu “dialogo interior”.
“En la trastienda de nuestro cerebro, por así decirlo, hay una llamarada o una explosión de asombro ante nuestra existencia. La finalidad de la vida artística y espiritual es ahondar en busca de este sol naciente de admiración.”
 G. K. Chesterton.
3.- Parada en mojón del camino: atención sostenida.
Elige cualquier actividad cotidiana que te resulte útil realizar en este momento y concéntrate en ella. Comienza poniendo atención en tu respiración, sintiendo tu presencia física y emocional. Luego comienza
con la tarea que has elegido, manteniéndote alerta de cuando se desvía tu atención hacia otros asuntos. Identifica esas distracciones y tranquilamente vuelve a poner tu atención en la actividad que estás realizando. Repite con paciencia el intento de centrarte en la tarea  siempre que te encuentres de nuevo, divagando.
“Con los niños traviesos y con la mente es necesario tener una paciencia afable.”
Robert Actkin Roshi.
4.- Zona portuaria: Echando el ancla.
Para tus actividades y permítete un respiro para experimentar un sentimiento  en profundidad. Pon tu atención en el recuerdo de una persona o  situación, que sabes que te provoca, intensas emociones negativas. Detente, mientras eres consciente de tu respiración, en la contemplación de ese recuerdo hasta que veas aflorar esos sentimientos que te provocan su evocación.
Observa y mantente lo más alerta posible de las tensiones, cambios de postura, sensaciones y emociones que percibas, y también de las distracciones que te llevan a desconectarte de esta experiencia. Luego anota la información que te resulte más relevante en tu diario de trabajo interior.
“Si odias a una persona, odias algo de ella que forma parte de ti. Lo que no forma parte de nosotros, no nos molesta.” 
 Herman Hesse.
5.- Hacia el interior de la mina: Fuerzas y valores ocultos
Piensa en alguna persona que admiras profundamente o tienes en cierto modo, idealizada. ¿Cuáles son las cualidades en ella, que más te llaman la atención? Comprueba si esas virtudes consideras, que tú también las
posees o si por el contrario están subrayando lo que entiendes como una carencia personal tuya. Luego haz unas cuantas respiraciones a modo de ejercicio de centramiento y trata de ver esta experiencia desde un nuevo punto de vista, respondiendo a la siguiente pregunta:
¿Y si esa persona simplemente está actuando de recordatorio de lo que mantienes bloqueado en ti?
Esta práctica te puede servir de guía para descubrir y recuperar tus cualidades positivas. Luego anota la información que te resulte más  relevante en tu diario de trabajo interior.
“En sentido espiritual, todo lo que uno desea, a lo que aspira y necesita está siempre presente, es asequible aquí y ahora, para aquellos que tienen  ojos para ver.”
Surya Das.
La personalidad, no es más que una configuración conocida, de una gama de capacidades mucho mayor. El Espíritu humano es un despliegue ilimitado de potencial creativo. Cuando damos los primeros pasos en el viaje interior, vemos que nuestra atención está continuamente atrapada por ideas, ansiedades, preocupaciones e imágenes mentales y rara vez estamos presentes en nosotros mismos y en nuestra experiencia inmediata.
Cuando nos permitimos experimentar plenamente, nuestra presencia como seres vivos, aquí y ahora, resulta una percepción transformadora, que nos embarca en el viaje interior, sabedores de que tenemos una personalidad a través de la cual se manifiesta nuestra verdadera identidad, pero que dicha  identidad transciende y está más allá de nuestra personalidad.
“Entérate de lo que eres y sé lo que eres.”
Pindaro
A Este Trabajo Se Le Conoce Como Trabajo Interior
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